Choque acústico, ¿un peligro de la interpretación remota?


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A los intérpretes siempre nos recomiendan cuidarnos la voz, pues, a diferencia de los oradores, quienes no suelen exponer más de una hora seguida, en ocasiones debemos interpretar durante jornadas enteras, tras las cuales el aparato fonador acaba por resentirse por más que cada media hora cedamos el turno a nuestro compañero de cabina. La comunidad de intérpretes de conferencias conoce bien este fenómeno y existe una conciencia generalizada, como se destila de que muchas universidades y asociaciones de intérpretes ofrezcan cursos de modulación y cuidado de la voz para inculcar buenas prácticas de salud vocal. Sin embargo, hay otro órgano imprescindible para nuestra profesión al que, hasta hace bien poco, se le prestaba más bien poca atención: el oído y la audición.

La amenaza sonora

Tanto en los eventos de interpretación simultánea presencial como en los encargos de interpretación a distancia, los intérpretes de conferencias trabajamos siempre con auriculares. El uso prolongado de auriculares y cascos puede ser motivo de pérdida de audición, según han confirmado estudios como el de la Asociación Americana de Medicina publicado en 2011. Otro riesgo que hasta hace poco no era muy conocido entre la comunidad de intérpretes de conferencias es el hábito de cubrirse únicamente un oído con los auriculares para, además de escuchar al orador, poder evaluar y modular la propia producción oral.

Al parecer, escuchar con solo un oído y situar el segundo auricular detrás de la oreja puede resultar nocivo para la salud auditiva, debido a factores como, por ejemplo, la falta de percepción binaural y la consecuente necesidad de aumentar la intensidad del sonido (ver páginas 33 a 35 del libro Improving the Interpreter’s Voice); otro factor, según afirman algunos autores, es que, cuando se recibe el sonido detrás de la oreja, las vibraciones se propagan a través de los huesos y hacen que el oído interno vibre más de lo deseado, mientras que, cuando el sonido se recibe del modo habitual, el canal auditivo y el tímpano actúan como amortiguadores y reducen las vibraciones en el movimiento del aire antes de que lleguen al oído interno. El sonido por conducción ósea es aún poco conocido y no disponemos de ningún límite de seguridad auditiva normalizado. Ambas prácticas contribuyen silenciosamente a aumentar el riesgo de pérdida de audición entre los intérpretes de conferencias.

Además, existe un tercer peligro no tan sigiloso: el choque acústico.

¿Qué es el choque acústico?

El choque acústico es un fenómeno causado por la explosión repentina de un sonido fuerte y el correspondiente pico de presión que genera. Entre los síntomas que produce pueden observarse náuseas, vómitos, desmayos, pérdida de equilibrio, pérdida de audición y tinnitus. El riesgo de sufrir un choque acústico es mayor cuando se trabaja con equipos y tecnologías que no están preparados para prevenirlo o mitigarlo.

Se conocen casos en todo el mundo de intérpretes que han sufrido choque acústico por trabajar con un equipo inadecuado. En un accidente acontecido en Canadá, casi una cuarta parte de los intérpretes de la oficina de traducción de Ottawa hubieron de ser hospitalizados tras un fuerte choque acústico. Aquel incidente fue origen de una demanda colectiva para elaborar una nueva normativa que contemplara los requisitos de seguridad del equipo técnico para interpretación de conferencias. Varios representantes de la DG de Interpretación de la Comisión Europea, la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC), la Oficina de Traducción de Ottawa y diversos proveedores de plataformas de interpretación a distancia unieron esfuerzos para elaborar una nueva norma ISO, la cual se publicó en enero de 2020. La sección correspondiente sobre protección acústica es la ISO 20109:2016 [4.5] y la norma sobre plataformas ISR la ISO/PAS 24019:2020. Todo intérprete que trabaje por cuenta propia debería considerar en algún momento de su carrera adquirir dichas normativas, que actualmente se encuentran disponibles a un precio de unos 84 EUR cada una.

A su vez, en julio de 2019, la Junta Asesora y el Comité Ejecutivo de AIIC emprendieron una investigación sobre los choques acústicos entre intérpretes de conferencias con miras a elaborar una serie de directrices tanto para los intérpretes como para los proveedores de equipos y plataformas. En la primera fase del proyecto se evaluó la incidencia de los choques acústicos entre los miembros de AIIC mediante una encuesta. Aproximadamente una tercera parte de los miembros participaron en ella. El análisis de los datos revela que el 47,1 % de los encuestados (un total de 488) ha experimentado un choque acústico en el curso de su carrera profesional, el 32,4 % asegura no haberlo sufrido y el 20,5% no es consciente de haberlo sufrido. De los resultados se desprende que la experiencia de choque acústico es frecuente entre los intérpretes de conferencias y también que es necesario trabajar para formar a los profesionales en su identificación y prevención.

Interpretación simultánea remota, nuevos riesgos

Parece una opinión extendida que la interpretación simultánea remota presenta un riesgo considerable en términos de pérdida de audición, que muchos intérpretes desconocen. La naturaleza de la interpretación a distancia (ponentes en remoto, configuraciones sin sistemas profesionales de conferencias, falta de técnicos de sonido, micrófonos no profesionales, manejo de los micrófonos por los propios oradores, ruidos metálicos de red, golpes o caídas de los micrófonos, etc.) genera un entorno acústico sumamente peligroso. Sólo los intérpretes bien equipados deben aventurarse en él, pues, en caso de accidente, sabemos bien cuáles pueden ser las consecuencias.

¿Cómo se gestiona, pues, la protección auditiva en la ISR y quién es responsable? Este ha sido últimamente uno de los principales temas de debate en términos de seguridad acústica a raíz la reciente irrupción de la ISR durante la crisis de la COVID-19. En el momento actual —y estoy convencido de que esta situación va a cambiar en un futuro no muy lejano— las principales plataformas de RSI no cuentan con tecnología de protección acústica. La responsabilidad, por tanto, recae provisionalmente sobre los propios intérpretes, quienes, por lo general, no disponen de suficientes conocimientos técnicos, no están plenamente concienciados de la gravedad del problema o pueden no estar interesados en invertir en las tecnologías de protección acústica, que por lo general son caras.

Este es, pues, el actual estado del debate sobre la seguridad acústica del intérprete y sobre si las plataformas de ISR son responsables de tal seguridad o no. En cualquier caso, lo que sí es seguro es que una plataforma que ofrezca protección tendrá más probabilidades de que los intérpretes autónomos contraten sus servicios; debería, pues, utilizar este incentivo para destacarse entre la multitud de proveedores actuales y preocuparse por la salud auditiva de sus clientes, por ejemplo, asegurándose de cumplir con la nueva norma ISO para equipos y plataformas de interpretación simultánea a distancia.

Mientras tanto, ¿qué podemos hacer los intérpretes?

Auriculares y tecnología de protección contra el choque acústico

La normativa europea define dos niveles críticos de exposición al ruido en función de las dos causas de pérdida de audición que pueden afectar al intérprete: el choque acústico y la exposición prolongada al ruido. En primer lugar, en lo referente a los impulsos de ruido o picos de presión establece un valor mínimo para adoptar medidas preventivas de 135 dB y un máximo de 137 dB; se menciona también que el sistema de recepción de sonido deberá limitar la salida a un máximo de 94 dB SPL para duraciones superiores a 100 ms. En segundo lugar, en lo que respecta al valor medio ponderado diario de ruido, establece un valor mínimo de 80 dB(A) y un máximo de 85 dB(A) durante 8 horas de exposición (que sería equivalente a 88 dB(A) durante 4 horas, por ejemplo). La normativa habla de las obligaciones de protección del empleador, el cual debe proporcionar equipos de protección auditiva una vez superados los umbrales, pero los autónomos que buscan su propia protección podemos adoptar dichos valores como referencia.

Gráfico de niveles de exposición al ruido

Existen, pues, dos clases de tecnologías en el mercado que nos pueden ayudar a evitar los dos tipos de daño auditivo.

Tecnología de cancelación de ruido

Por un lado, tenemos la tecnología de cancelación de ruido. Esta funciona mediante unos micrófonos en los laterales exteriores de los auriculares, que captan el ruido de fondo y transmiten la fase opuesta. Las fases se cancelan entre sí y se reduce parcialmente el ruido de fondo que percibe el oyente. La batería suele estar ubicada en el auricular, aunque, en la actualidad y para el caso de la remota, algunos de los que funcionan con USB no requieren alimentación por batería. El valor de los auriculares con cancelación de ruido en cabina es limitado: son una buena solución para ambientes ruidosos, pero una cabina que cumpla con las normas ISO no debería serlo. Tal vez podría resultar útil para las cabinas portátiles de mesa, aunque tampoco estas cumplen con la normativa. Otro escenario posible sería el de un sistema transmisor-receptor tipo infoport en ausencia de cabina, donde sí pueden resultar esenciales. El problema el caso de la cancelación de ruido es que el control del volumen de la propia voz puede ser más dificultoso, pues también esta se cancelará. El único tipo de auricular adecuado en tal caso sería uno semiabierto o semicerrado. Si bien el control del volumen propio debe hacerse principalmente mediante el control de la posición de los órganos del habla y el nivel de vibraciones, más que atendiendo a la propia voz, esta debería poder oírse.

Tecnología de protección acústica activa

La otra tecnología que puede resultar de gran ayuda es la protección activa contra los impulsos de ruido o picos de presión (choque acústico). En el mercado existen varias opciones, integradas en los auriculares o externas. Un ejemplo es la ActiveGard®, de Sennheiser. Este sistema utiliza una tecnología de compresión para limitar la presión excesiva de la señal sonora entrante del sistema y eliminar la distorsión de la señal. Esta tecnología limita los picos de presión a un máximo de 118dB(A) y, además, elimina el ruido de fondo, por lo que, en principio, evitaría la exposición prolongada a ruidos de más de 85dB(A). La marca Plantronics cuenta también con una tecnología de seguridad acústica Soundguard®, que establece un valor máximo de 118 dB(A), y Soundguard Digital®, que utiliza algoritmos avanzados y tres limitadores para limitar el nivel de ruido máximo a 102 dBSPL y la exposición media diaria al ruido a 80 dB(A) o 85 dB(A), a criterio del usuario. También existen dispositivos externos a los auriculares que nos protegen tanto del choque acústico como de la exposición prolongada; la marca Polaris, por ejemplo, ha desarrollado un dispositivo de protección acústica llamado Soundshield 4G™, que cuenta, entre otras características, con el software Sonaron™, el cual rechaza los picos de presión en menos de 30 milisegundos, y un limitador para evitar la exposición prolongada al ruido, ambos configurables al nivel deseado o establecido por la normativa pertinente.

El diseño del auricular

Otro aspecto que debe considerarse es el diseño del auricular. Jamás deben usarse auriculares que se introduzcan en el oído, como los auriculares de botón o los intraaurales: la membrana emisora del sonido está demasiado cerca del tímpano y en caso de choque acústico en cabina (retroalimentación del micrófono, caída del micrófono, etc.) hay una probabilidad mucho mayor de dañar el oído. Personalmente prefiero los auriculares supraaurales a los circumaurales, pues me resultan más cómodos. Además, las normas ISO para equipos de simultánea consideran los supraaurales como los más adecuados, por lo que, técnicamente hablando, los circumaurales no serían normativos.

Finalmente, es recomendable escuchar el original con ambos oídos. Como se ha comentado antes, la tendencia es a emplear sólo un oído o a cambiar de uno a otro. A falta de percepción binaural, escuchar el discurso original con un único oído reduce considerablemente la inteligibilidad del habla y, además de incrementar el desgaste cognoscitivo, hace necesario subir el volumen, lo cual puede dar lugar a un daño auditivo. En esta línea, los auriculares supraaurales permiten dejar cierta apertura entre el auricular y la oreja, de modo que no sea necesario retirar el auricular para regular la propia producción oral y se pueda recibir al mismo tiempo el discurso del orador en ambos oídos.

Prioridades

Los intérpretes debemos tratar de cuidar nuestra salud auditiva en la medida de lo posible. Una buena práctica es trabajar con auriculares que permitan regular el volumen de un solo auricular de forma independiente y que disponga de tecnología para eliminar los picos de presión causantes del choque acústico, además de limitar el nivel de exposición prolongada al ruido, según dictan las normativas. Además, cuando trabajemos con plataformas de ISR, deberíamos definitivamente priorizar a los proveedores que cumplan las nuevas normas ISO para equipos de interpretación simultánea a distancia.

Adenda: la calidad del sonido, otra amenaza no tan silenciosa

Los picos repentinos en los niveles de presión sonora (SPL) desencadenan reflejos protectores en el oído medio y originan los síntomas del síndrome conocido como «trastorno por choque acústico». Según el planteamiento inicial, podría pensarse que los limitadores, al restringir la cantidad de decibelios producidos por el auricular y evitar que el ruido alcance un nivel de SPL lo suficientemente alto, se prevendrán los efectos del «choque acústico».

Sin embargo, según Andrea Caniato en su artículo Acoustic Shocks are a Red Herring, dicho planteamiento, puramente «cuantitativo», no tiene en cuenta la calidad y la composición de las fuentes de sonido a las que se exponen los intérpretes. Ciertos estudios científicos en centros de atención telefónica muestran que los síntomas del «trastorno por choque acústico» se originan también en operarios que no han experimentado aumentos repentinos de la presión sonora y que el uso de limitadores no basta para prevenir la aparición de síntomas —además de que la presión sonora de prácticamente todos los equipos digitales actuales está limitada por defecto, por lo que la probabilidad de choque acústico en ISR es prácticamente nula—. Cabría adoptar, pues, un enfoque cualitativo, centrado en la comprensión profunda de la fisiología del oído medio y el análisis de la calidad del sonido, para explicar los síntomas y proponer un modo más eficaz de proteger los oídos, la voz y el bienestar de los intérpretes. Tener que extraer significado de un sonido pobre con una baja relación señal a ruido (ganancia excesiva del micrófono y ruido de fondo) o con distorsión, artefactos, etc., no es, por desdicha, la excepción en cabina y a menudo constituye la norma en ISR, con independencia de la calidad y las funciones de los auriculares utilizados. Semejante escenario sobrecarga el oído humano y obliga a los intérpretes a subir el volumen para maximizar la cantidad de señal «útil». El efecto conjunto de subir el volumen por encima de lo necesario —y, con todo, muy por debajo de los umbrales teóricos del «choque acústico»— y la fatiga del músculo del oído medio debido a una mala acústica durante períodos prolongados bastan para explicar la aparición de los síntomas sin haber experimentado picos súbitos de SPL (por encima del umbral «peligroso» de 90 dB o incluso por debajo), que no pueden prevenir los limitadores y que un oído sano sería perfectamente capaz de soportar. Por tanto, los intérpretes deben aprender a distinguir el sonido deficiente del de buena calidad y tratar de evitar a toda costa el primero. En el artículo de Caniato se enlazan clips de sonido que ejemplifican las diferencias de calidad y pueden servir como primera aproximación para entrenar el oído en la detección de sonidos deficientes.

Nosotros los intérpretes, legos en la ciencia de la acústica y la audición, debemos ponderar todas las opiniones y adoptar el mayor número de medidas posible para proteger nuestra principal herramienta de trabajo.

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ABOUT THE AUTHOR
Soy Vicente Abella, licenciado en Traducción e Interpretación por la UV, máster en Literatura Comparada y Traducción Literaria por la UPF y doctor en Ingeniería Química y Nuclear por la UPV. Mi carrera técnica me ha permitido especializarme en la interpretación simultánea de jornadas, cursos y congresos técnicos, además de en la traducción escrita de textos técnicos y artículos científicos. También traduzco literatura y doy clases de traducción en la Universitat Jaume I. Soy vicepresidente de La XARXA y miembro de AVIC y ACEtt.
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